Proemio

Debió ser un privilegio para los contemporáneos de Picasso visitar su taller en los varios domicilios que tuvo el pintor malagueño. Del mismo modo, tuvo que ser un honor acercarse a los borradores que de tantos rayones y tanto tirar y tirar, nos dejaron la esbelta y exacta obra de Juan Rulfo. Asomarse a los cuadernos en los que anotaban Borges y Alfonso Reyes, y echar un vistazo por la ventana del taller del Veronés constituye uno de los deseos más grandes entre aquellos quienes admirados sus piezas de arte mayor. Es difícil imaginar la magnificencia de la Appassionata (que hizo decir a Lenin: “Si sigo escuchando esta música, no terminaré la Revolución”) sin las innumerables versiones preliminares que a fuerza de borrones sobre una partitura fueron quedándole a Beethoven mientras construía su pieza. Otros, no pudieron visitar el taller de esos gigantes, no pudieron enterarse de la intimidad en que construían su arte. Pero aquí tenemos nuestro espacio de taller, donde podremos asomarnos a la experiencia del tallado de las letras. Podremos ver en la ventana del costado, el trabajo de los otros e iremos viendo progresar el propio. Este es nuestro lugar. Disfruten de su espacio. Porque todos los creativos tienen un blog, a escribir se ha dicho.

Francisco de Jesús Ángeles Cerón


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